Cuando es el cerebro, y no el Ser, quien mata: caso Buroz



Fue un error sin posibilidad de enmienda, una tragedia que marcó su vida para siempre. Bobby Crabtree mató de un disparo en el cuello a su hija Matilda de catorce años cuando ella irrumpió bromeando desde su closet y le gritó ¡Búuuuu!

Era 1995 en Louisiana, Bobby creía que su hija se había quedado a dormir en casa de una amiga aquella noche, pero ella decidió regresar y gastarle una broma a sus padres; Bobby oyó ruidos humanos cuando entró en la casa, buscó su revólver calibre 35 y se dirigió al cuarto de Matilda… sin imaginarse jamás que minutos después se convertiría en el “asesino” de su propia hija, confundiéndola con un extraño que amenazaba su vida.

Años después, la historia vuelve a repetirse, con algunas variantes: es la noche del domingo 11 de Mayo de 2008 en Caracas, Raúl Linares, Subcomisario del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas se encuentra en su apartamento con su familia, de pronto, oye ruidos que vienen desde la terraza de su vivienda, se asoma, ve la sombra de una figura humana y realiza dos disparos… sin imaginarse jamás que minutos después se convertiría en el “asesino” de su vecino, el niño de 11 años Alejandro Buroz, quien sólo jugaba con su hermano y otros amigos adolescentes en ese espacio vedado.

En ambos casos vemos la tragedia de un niño cuya vida es truncada por un adulto que dispara de manera instintiva, sin pensarlo, buscando la preservación de su vida ante lo que es percibido como una amenaza. Ninguno razona en el momento las infinitas posibilidades del origen de esos ruidos y sombras.

La primera historia es tomada por Daniel Goleman, doctor en Psicología y Profesor en la Universidad de Harvard, en su famoso libro “La Inteligencia Emocional” (1995) para explicar el mecanismo cerebral que ha servido a la especie humana durante su evolución para preservar la vida. Investigaciones de la últimas dos décadas sobre el cerebro y su funcionamiento, nos muestran cómo éste –a través del sistema límbico, específicamente de la amígdala cerebral- puede disparar reacciones muy rápidas ante lo que es percibido como peligro, “secuestrando” momentáneamente la señal de amenaza que llega del entorno y evitando que ésta viaje hacia la corteza cerebral, capaz de razonar, buscar alternativas y posibilidades. Se trata de la conocida respuesta de luchar o huir, en donde el organismo debe tomar decisiones con mucha rapidez y el tiempo para razonar no es considerado en ese momento como una alternativa conveniente.

Para mí es claro que ni Bobby Crabtree ni Raúl Linares son los asesinos de Matilda y Alejandro, fueron sus cerebros reptiles y emocionales, diseñados entre otras cosas para la preservación de su vida y la de los suyos, los que mataron a los niños. Confundir en este caso el “Ser” con el cerebro, puede llevarnos –como sensibles espectadores de esta historia - a emitir juicios desde el no-saber, desde una superficie que en nada se adentra a los complejos mecanismos del humano en su combinación única entre lo instintivo y lo racional.

Hoy en Caracas, una madre llora con intenso dolor, entendida rabia y desconcierto la partida definitiva de su hijo menor, sin capacidad para comprender que ella misma o el padre de su hijo muerto en tan trágicas e inesperadas circunstancias, están equipados con ese mismo mecanismo que puede jugarles y jugarnos muy malas pasadas en el mundo de hoy, donde las amenazas ya no son, por ejemplo, un tigre dientes de sable que surge de pronto de entre los árboles.

En otro lugar de la ciudad, un hombre vive el infierno de la angustia, del dolor y también del desconcierto, de la incapacidad de volver atrás y cambiar en sólo unos segundos el desenlace fatal que ha cambiado su vida para siempre. Víctima de su amígdala cerebral, es visto ahora como victimario, acusado, juzgado, incomprendido.

Me solidarizo con ambos, me conecto con ambos, con sus dolores y sus angustias, con sus rabias y su impotencia, e invito a la sociedad venezolana a entender y entenderse en este difícil reto de ser -al mismo tiempo- humanos y animales que se defienden y protegen en un mundo cada vez más poblado de amenazas, en un país donde la violencia y la inseguridad son alimento constante de reacciones del sistema límbico.

11 comentarios:

elisaarraiz dijo...

Excelente tema y mejor escrito. Gracias, Elisa

Francisco Pereira dijo...

Una mala jugada...
Interesante punto de vista.

SuperSimonXtremePlusNotLimited dijo...

Muy bueno tu escrito, Luisa Elena. ¿Pero cómo saber si la reacción fue o no fue razonada? Esa es la diferencia entre un homicidio intencional y uno que no lo es; la diferencia entre el dolo y la culpa; la diferencia que lleva al Juez a decidir entre penalizar o no.

Simón.

Afrodita dijo...

excelente reflexion.tema super interesante mi pithia. bravo. delicado tema que concierne el cerebro. penalizar no penalizar....alli los jueces deben conocer mas las prfundidades de nuestro cerebro. maranto

Alfredo en Toronto dijo...

Luisa Elena, estos casos son consecuencia de esa "necesidad" de estar armados para defenderse. Yo conocí a un niño de cuatro años que se suicidó accidentalmente (por supuesto) con el arma de su papá que la tenía para defender su ferretería.Creo que le dirían homicidio culposo.
Una variante del mismo tema.

Andreina dijo...

Aunque estoy de acuerdo en que existe este mecanismo, hay algunas cosas que creo que deberian haber evitado este hecho.
La primera es el entrenamiento policial que tiene el senor Linares, el cual supone tener internalizado una cadena de acciones en una situacion como esta. Quiero decir, no creo que es lo correcto disparar a la cabeza de un ladron provocando una muerte certera ante la sospecha de que este este armado. Esta reaccion irracional que parece justificada por el mecanismo mental de supervivencia, deberia estar regulada en una persona entrenada policialmente y aunque en menor medida en una persona educada para vivir en sociedad.

La otra cosa en la que difiero es que este hombre declaro a unos periodistas que el volveria a hacer exactamente lo mismo, lo cual denota que el no esta desconcertado con lo que hizo, todavia peor se declara habilitado para volver a matar sin pensarlo dos veces y creo que este pensamiento se basa en la certeza de saberse rodeado de impunidad, de que no sera castigado por la ley, aunque espero que en su conciencia quede algo de piedad y humanidad como para estar arrepentido y adolorido de causar un dano tan injusto a un nino que no estaba haciendo nada malo al jugar en un sitio vedado como tantos hicimos en nuestra ninez.

Creo que justamente la diferenciacion entre ese cerebro animal y uno desarrollado en la humanidad es tener las contenciones que nos permiten vivir en sociedad.
Comparto contigo que nuestra sociedad, digo, la venezolana se ha ido convirtiendo en una selva, pero , ?no deberiamos en un caso como este abanderarnos en la injusticia comentida para pedir orden y justicia, en vez de identificarnos con una conducta que trae tanto sufrimiento? Como te imaginas mi respuesta es que aunque entiendo los mecanismos que funcionan en estos casos, creo que este senor debe ser castigado en su justa medida y que lo unico que podria rebajar esa pena seria la percepcion de que hubo una leccion aprendida, un error aceptado y un arrepentimiento de su parte para que la sociedad tenga la sensacion de que estos hechos no se repetiran.

Espero que en este caso se haga justicia y que todos los casos de personas inocentes muertas a manos de la violencia, de las balas perdidas en los barrios de caracas todos los fines de semana, nos dejen una leccion de como deberiamos comportarnos para vivir en una sociedad pacifica, para que podamos dejar de lado la ley de la selva y las respuestas mas animales de nuestros cerebros.

Andreina

ISABEL HERRERA DE U dijo...

Luisa Elena: Me ha sorprendido terriblemente tu análisis con respecto al caso del niño Buroz.
No creo que nada pueda justificar ni siquiera explicar una cosa semejante.
Se supone que somos HUMANOS, NO ANIMALES, y además el señor que causó la muerte de un niño es un POLICIA, que se supone entrenado para defenderse debidamente.Si esas son las personas que defienden a la ciudadnía, en manos de quien estamos!!!
Creo que la sicología no es para justificar cosas semejantes.
PIENSA TU COMO SER HUMANO TAMBIEN ,Y COMO MAMA DE UNA HERMOSA Y VALIOSA HIJA-
NO QUEREMOS UN PAIS AGRESIVO,POR MAS EXPLICACIONES QUE SE PUEDAN BUSCAR, ISABEL TU PRIMA

Anónimo dijo...

Como siempre muy interesantes tus exposiciones, en verdad que es una tragedia que nos deja sin palabras y un dolor mortal por lo absurdo… lo único que yo me pregunto, sin ánimos de juzgar, ¿dentro de la formación de un policía no debe estar, ante todo el preservar también la vida? Es decir, qué tal si antes de disparar su cerebro le hubiera indicado indagar un poco antes?, esa es la verdadera tragedia que vivimos todos, el uso de las armas que no son naturales, la vida y la humanidad si.

Anónimo dijo...

Luisa Elena, gracias por compartir-me tu reflexión. Dura realidad en una ciudad donde la inseguridad apremia y las necesidades básicas no son privilegio de muchos. ¿Cómo juzgar al instinto? ¿Será que pretendemos como sociedad seguir controlando a la bestia que habita en cada uno de nosotros en vez de aceptarla y entendernos con ella?

Natalia dijo...

Luisa Elena! Muy interesante reflexión... definitivamente nos falta mucho por aprender sobre el cerebro y su compleja forma de funcionar. Es un tema polémico, sobre todo quien lo mira a través de los lentes de la emoción, lo importante es que rescatas que hay otros lentes para ver la misma situación!.

Me encantó tu blog, felicitaciones!

J. L. Maldonado dijo...

El instinto, en la mayoría de los casos siempre irreflenable. Texto polémico , sin dudas.

Aquí y ahora

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