Partera de la muerte: 10 Aprendizajes

Momento de silencio  tomada de la mano de mi madre en su silla de ruedas, durante una de las últimas veces que miró por el balcón el Avila, su montaña preferida,

Ha pasado un año de la muerte de mi madre, tiempo durante el cual se fueron gestando estas líneas que hoy ya están listas para su vuelo de paloma mensajera…

Hace casi un año comenzó a suceder lo que siempre supe que sucedería: mi madre de 89 años inició su tránsito hacia la última estación de su viaje.

Ese tránsito duró 5 semanas exactamente, pude darme cuenta de su inicio,  supe con certeza que esta vez sería la vez definitiva: se había instalado un brillo distinto en su mirada, también una sombra, algunas de sus conversaciones e inquietudes eran otras. El clamor de su cuerpo debilitado y adolorido tras 20 años de artrosis y de un cáncer de vejiga curado a sangre y fuego 15 años atrás, había comenzado a ser escuchado.

Durante 5 inolvidables semanas de mi vida, tuve la bendición de convertirme en una amorosa “partera de la muerte”, en ese ser aliado que ayuda, con empatía y amor,  a la parturienta a transitar por los dolores de parto -y los espacios sin dolor- rumbo al otro gran momento en el otro extremo de la vida: La muerte.

Este rol desde el espacio de hija, me enseñó 10 cosas que hoy comparto con el mundo, con la esperanza de que algún día, cuando mis lectores se enfrenten al proceso de muerte de un ser querido, puedan entregar ese invalorable regalo de amor, el último…el regalo de ser los mejores parteros de la muerte.

1. Aceptar es el punto de partida: No podemos ser los mejores aliados de esa persona que se nos está yendo, si aún no hemos sido capaces de aceptar que ya se acerca la hora de lo inevitable. Aceptar la muerte de otro ser humano implica un trabajo profundo con nuestra propia muerte. Los parteros de la muerte aceptan sin duda que ya se han roto las fuentes y que ellos son los llamados a hacer la diferencia en ese trabajo de parto.

2. Conversar sobre la muerte va construyendo el camino: 
Tener conversaciones con la persona que está por partir, acerca de su muerte, crea un espacio íntimo y cómplice, en donde ésta se siente libre para expresar sus inquietudes, miedos, reflexiones de vida, peticiones, y esto permite ir preparando el camino de una manera dulce y con pasos firmes y conscientes. Muchas veces, cuando una persona le expresa a sus seres queridos algo que involucra la certeza de su muerte, éstos pueden responder con pánico “¡No digas eso! ¡vas a estar bien! ¡todo pasará! ¡no nos vas a dejar!”. Esto condena al moribundo a inhibirse en los momentos en los que más necesita ser comprendido y apoyado. Los parteros de la muerte son capaces de  sostener esas conversaciones con serenidad, aceptación, empatía y amor. Este es uno de sus retos más grandes.

3. Dar alas cerrando círculos: La persona que está por emprender ese último vuelo hacia lo desconocido, necesita muchas  veces que la ayudemos a extender sus alas. Esto se consigue haciéndole ver todo lo logrado en su vida, agradeciéndole todo lo que nos dio, pidiéndole perdón por alguna acción que le haya causado daño, perdonándola a su vez por lo mismo, si fuera el caso, tomando nota de todos sus deseos a realizar después de su muerte (con la genuina intención de accionar para que sean cumplidos en la medida de lo posible), generando los espacios para que otros familiares o amigos puedan tener a solas algunos minutos de conversación para despedirse y cerrar círculos abiertos, ( estas conversaciones también se pueden tener en muchos casos en que la persona está aparentemente inconsciente, tenga grados avanzados de Alzheimer o demencia, expertos aseguran que la persona puede escuchar con un grado suficiente de conciencia), dar alas implica facilitar a la persona los rituales religiosos en los que cree. Dar alas significa poder decirle, aunque sea en silencio: “Puedes irte en paz, estarás siempre en nuestros corazones, estamos listos también para dejarte ir.”

4. El silencio puede ser la mejor compañía: Sentir que ya la muerte está cerca es sin duda una sensación inédita en nuestra vida, una inquietante certeza que golpea nuestra existencia, en la cual estamos totalmente solos y muy poco preparados; esta certeza viene acompañada  de miedos, balances, deseos, planificaciones. La persona que está muriendo, necesita viajar hacia adentro, administrar sus menguantes energías (hablar consume energías). Los parteros de la muerte honran y respetan el silencio necesario que se instala en sus gargantas, entienden que acompañar en ese silencio, tomando una mano, sintiendo aun el calor de la vida, es la mejor forma de compañía que pueden dar en un momento dado. Dulces caricias y miradas son complementos inigualables por donde transita el amor, éstos tranquilizan y acompañan el alma, y fortalecen el vínculo.

5. Retar el instinto de salvar: La vida en el universo y en la tierra está organizada en torno a un fuerte instinto de supervivencia y preservación, no sólo de nuestra vida, sino también de la de otros seres humanos e incluso de la de otros seres vivos. Desde niños crecimos viendo y teniendo noticias de innumerables esfuerzos médicos y humanos por salvar vidas. Los parteros de la muerte saben que tratar de impedir lo inminente y lo natural es un atentado contra la vida misma en su inevitable polaridad, es la terrible e invasiva interrupción de un proceso sagrado. Someter al moribundo a prácticas médicas inútiles, incomodas y dolorosas con la esperanza de “salvar o prolongar su vida”, obligarlo  a ingerir alimentos cuando ya no los quiere ni necesita,  irrespeta su tránsito, retrasa lo inevitable y lo deseado ya por 50 billones de células listas para apagarse satisfechas por haber sido parte latiente y pulsante del milagro de la existencia de ese ser. Retar este instinto es, por razones obvias,  particularmente difícil para los médicos, y aún más si el familiar del moribundo es médico.

6. Proveer la mejor calidad de vida: Recuerdo como si fuera ayer, cuando estaba pariendo a mi hija, cómo Gilcórea (nótese como nunca olvidé ese nombre), la sabia partera asistente de mi obstetra que aparecía de tanto en tanto para medir dilatación y por supuesto al final, en la última y definitiva contracción, hizo de mis horas de dolor, temor y emoción, lo mejor que pudieron ser: ella sabía darme atinados masajes en la parte baja de mi espalda, me ofrecía agua justo cuando la necesitaba, me miraba con dulzura entendiendo como nadie el significado de las muecas de dolor de mi rostro en cada contracción. Los parteros de la muerte hacen esto mismo que hizo Gilcórea, hacen que las incomodidades y dolores de esos últimos días y horas sean las menores  posibles, se aseguran, si es necesario y asequible, de buscar ayuda de médicos expertos en medicina paliativa, quienes están preparados para prescribir calmantes y otras acciones que hacen la diferencia y que no interfieren con el proceso de muerte; los parteros de la  muerte están pendientes de cada detalle que pueda hacer sentir mejor a la persona, tales  como mojar sus labios secos con un algodoncito húmedo, cambiarla de posición, colocar cojines cómodos, hacer el ambiente agradable en temperatura, luminosidad y sonidos. Proveer la mejor calidad de vida en el proceso de agonía significa incluso permitir y promover que la persona muera en su casa, en su cuarto, rodeada de sus afectos y espacios conocidos y amados.

7. Prepararse para el momento final: El proceso de acompañamiento para la muerte requiere preparación. Cada proceso es único, pero todos tienen en común la incertidumbre. Pueden durar horas, días, semanas e incluso meses, asi como el trabajo de parto para dar a luz a un bebé puede durar pocas o muchas horas. La muerte no sucede ni antes ni después de su momento escogido. Los parteros de la muerte son pacientes, no empujan el río, ni mucho menos nadan en contra de su corriente. Entretanto se preparan para el momento final atentos a las señales del cuerpo y de la psique de la persona que parte. Esta preparación implica desde investigar las señales físicas y psíquicas de la muerte inminente,  hasta la revisión y anticipación de aspectos prácticos relacionados con los servicios funerarios (teléfonos, procedimientos, tarifas, etc.). Pero la preparación más importante de un partero de la muerte tiene que ver con su propia preparación para vivir esa pérdida y ese momento, acompañando con amor y  con consciencia de  la sacralidad implícita en el instante en el que una vida humana se apaga.

8. Conocer y defender los derechos de los moribundos: La redacción de los conocidos Derechos Humanos por parte de la ONU en 1948 fue hecha pensando en la vida humana como fenómeno universal e inmutable, pero la vida de cada humano llega a su fin, da un giro profundo y lo coloca en una posición donde son otros los derechos que necesita le sean garantizados. Los parteros de la muerte, conocen, intuitiva o explícitamente los derechos de los que se acercan al final de su vida. A autores pioneros de éstos, como Elisabeth Kubler-Ross y su colega David Kessler le debemos valiosa información sobre estos derechos tales como:  El derecho a expresar sentimientos y emociones acerca de su propia muerte, el derecho a participar en las decisiones que incumben sus propios cuidados, el derecho a ser tratados como seres humanos vivos, el derecho a tener una atención médica continuada (aun cuando el objetivo deje de ser la curación sino el bienestar), el derecho a buscar y ejercer su espiritualidad, el derecho a entender el proceso de la muerte, el derecho a ser cuidado por personas compasivas, sensibles y con conocimiento, el derecho a morir en paz y con dignidad, entre otros.

9. Cuidarse para cuidar: El acompañamiento amoroso de un ser querido en su travesía final implica un altísimo compromiso emocional y físico que fluye espontáneamente y sin medida guiado por el amor. Precisamente por ser “sin medida” el partero de la muerte necesita aprender a medir el impacto de esta labor en su propia salud integral. Hacer un balance entre la presencia plena y la ausencia responsable es clave. Vale tomar distancia por momentos o lapsos, disfrutar a conciencia de pequeños y no tan pequeños momentos como una ducha tibia, un estar en la cama descansando, leyendo, escuchando música, de un paseo por el internet o un parque, una salida al cine o a un café o una  buena comida con un amigo(a),la pareja,  para despejar la mente, cargar la batería, conectarse con la propia vida y con la de otros seres queridos. Cuidarse para cuidar significa también pedir ayuda, invocar las redes afectivas, abrirse para recibir en momentos en los que estamos dando tanto.

10. Confiar en el Amor Los seres humanos nacemos con un instinto de amor, protección, solidaridad y bondad. Uno de los grandes pensadores del siglo XX como Humberto Maturana  ha profundizado -desde la biología del amor - acerca de esta necesaria pulsión que ayuda a garantizar la supervivencia de la especie a través de lo gregario y la empatía amorosa con el otro. Mi última reflexión y aprendizaje de mi viaje de 5 semanas (tal vez ésta debería estar en el primer lugar) tiene que ver con la capacidad para entregarnos al proceso y confiar en el Amor que va brotando como un manantial que fluye siempre por el mejor camino hacia el mar. Los parteros de la muerte reconocen y confían en ese río amoroso, se dejan guiar por él, sin miedo, con la certeza y la confianza total de que, pase lo que pase, hagan lo que hagan guiados por ese Amor, será lo mejor y único que pudieron haber dado a ese otro amado ser humano.







11 comentarios:

Javier Scozzafava dijo...

Gracias por compartirlo. Muy hermoso.
Me recordó cuando lo viví con mi padre. También tuve la suerte de tener tiempo para cerrar los círculos. Todo agradecido y todo perdonado. Besos.

Cristina Valarino dijo...

Yo no tuve la bendición de vivir este proceso con mis padres y al leer tu articulo siento que eres una bendecida, pero eres tan bella que compartes tan importante aprendizaje con la humanidad. Agradecida de este artículo, te quiero amiga.

ANGONFER dijo...

Querida Luis el: He quedado con los ojos enchumbados con la lectura de este magnífico artículo. Me parece un compendio de una valiosa sabiduría que por su utilidad y elevada carga de sentimientos humanitarios merece ser difundido. Creo que siendo la excelente escritora que eres, lo que nos has dado a conocer con este artículo es el resumen de un excelente, valioso y necesario libro que te propongo escribas; donde cada uno de esos diez aprendizajes sea un capítulo... Y el titulo elegido "Partera de la Muerte" me parece sumamente acertado.
Te felicito de verdad, recibe un inmenso abrazo de este primo que te quiere, te admira y te agradece infinitamente estas líneas... ¡Adelante!

Yliana dijo...

Gracias querida Luisa Elena por compartir este texto tan necesario para todos los seres humanos, quienes no estamos preparados para la muerte y es precisamente la muerte el único final seguro que tenemos todos quienes estamos vivos. Fui testigo semana a semana de esta vivencia difícil y de este acompañamiento amoroso que hiciste a tu mamá antes de su partida. Admiré y admiro en ti tu fortaleza, tu capacidad para conectarte conella, tu temple para balancear adecuadamente toda aquella compleja situación emocional y tu capacidad infinita para amar, moldeada probablemente por el principio biocéntrico que está aprehendido en nuestras células producto de tantas horas de danza. Gracias miles por esta muestra de amor infinito a la vida y por esta muestra de honra hacia tu mamá. Gracias, gracias, gracias. Me siento honradada y bendecida de tener a un ser humano tan especial entre mis más caros afectos.

Elba Avendaño dijo...

Querida Luisa Elena. No dejas de sorprenderme. En cada línea está tu amor por todo lo que haces y todo lo que eres. Gracias por dejarnos tu aprendizaje para que un día cuando pasemos por ese tránsito tengamos esa fortaleza para luego soportar la ausencia de ese ser tan maravilloso que nos dío la vida o que nos acompañó durante un espacio de la misma.

Gun-Marie Nalsen dijo...

Realmente hermoso tu escrito, te refleja perfectamente! Gracias por compartir momentos tan dficiles como esos. Estoy de acuerdo con Tonito, deberias escribir un libro con estas reflexiones. Un beso!

Unknown dijo...

Gracias Luisa Elena, por poner en palabras lo que ya hemos vivido despidiendo a nuestros padres.

Unknown dijo...

mi respeto a tan sublime historia representada en el parto donde inicia la vida terrenal y también empieza la otra vida ya en trascendencia. . gracias por compartir.

Anónimo dijo...

muchas gracias! esto ha llegado a mi por casualidad, o quizá no? soy la cuidadora de mi mamá, con 87 años y un Alzheimer que me la roba día a día. Dícifil camino nos queda por delante. Mil gracia por verbalizar lo que ya pensaba, verlo escrito me reconfortó. A veces se hace difícil aceptar lo inevitable. Gran enseñanza la tuya en la que se transluce...no, se transluce no, se ve claramente, el enorme amor hacia una madre. Lo dieron todo por nosotros, cómo no devolverles unos pocos años? cómo no demostrarles nuestro amor, cuándo más lo necesitan? Escribe ese libro, seguro que ayuda a muchas personas, como a mi me han ayudado estas líneas. Un cariñoso saludo.

Carlos Alberto Pacheco Vera dijo...

Excelente reflexión!
Haberlo vivido con mi Madre, hizo que la leyera con sumo interés.
Algo que viví en sus últimos días, el dilema moral de pedirle a DIOS por su descanso eterno y sentirse egoista porque lleva consigo la propia comodidad.
Agradecimiento y saludo cordial!

Monico dijo...

Ciertamente Luisa Elena, este "habitar" como seres humanos en la tierra, nos lleva a una mirada de despedida, como tu lo mencionas en el articulo, de una forma distinta, es lo que llamo el Buen vivir para el "Buen Morir" , es un Bienestar mas alla de lo conseguido, con un trasfondo aterrizado de reconocimiento propio, de lo "hecho" asi como tambien de los pendientes, con "perdones " incluidos.

Esos aprendizajes, transicionales, son importantes , para el que pasa a otro plano o dimension, y necesarios para sobre todo , los que quedan , los acompañantes, los familiares, Los parteros como tu lo mencionas...gracias por compartir.

Aquí y ahora

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