Se busca: SONRISA

Foto de la columnista Katie Boheret del WSJ retocada. Ella comenta "me hizo ver no-natural y extraña".

En mi viaje matutino al Wall Street Journal un título secuestra mi atención: “Cámaras digitales (…) prometen una sonrisa segura”. Se trata de la presentación de dos nuevas cámaras Kodak y Sony con una nueva función: sembrar sonrisas en los instantes donde nunca las hubo.

Se buscan más sonrisas en las imágenes digitales que pueblan la vida actual, como si ya no hubiera suficientes: me vienen a la mente las decenas de imágenes que veo todos los días en el Facebook, en los diarios, llenas de sonrisas que el investigador Paul Ekman, de la Universidad de California, desenmascara contando los músculos que las erigieron, el número de patas de gallo, las sutiles rigideces que habitan en la frontera de lo visible entre la parte inferior y la parte superior del rostro.

Recuerdo los innumerables gritos de ¡Whisky! en su función de viagra de sonrisas instantáneas, invocando esa mueca universal, ese tesoro perdido con frecuencia en el laberinto de los días en estos tiempos del cólera.

Constato hoy la obsesión de las masas –ahora convertidas en mercado de cámaras digitales- de encontrar a toda costa, no importa su irrealidad, esos dientes asomados al mundo, esas comisuras extendidas hacia los lados, esos pómulos henchidos y esos ojos achicados, cual pedazos, cual palabras que al unirlas en una misma frase, en un mismo rostro, invocan el bienestar ajeno que gusta tanto a los espectadores.

Con un fresquito en el alma, constato también que el rostro humano se niega con sabiduría y ferocidad, a usar con precisión los 15 músculos designados para la vital tarea de sonreír cuando la sonrisa no viene en la sangre, de la vivencia, nadando en endorfinas como un tsunami súbito que baña todo el organismo de alegría y placer; aquí el todo es mayor que la suma de sus partes. Simplemente no hay manera engañar a los observadores, no hay Oscar posible, ni para los actores cotidianos, ni para los fabricantes de cámaras.

Y me pregunto ¿por qué buscar con insólita insistencia lo que no buscamos: el vacío, la máscara, el rol? ¿qué nos lleva a jugar este juego de construir y atesorar las imágenes de la mentira?

¿Quién necesita más de la risa: la imagen retocada por Kodak y Sony o nuestro propio rostro?

2 comentarios:

Francisco Pereira dijo...

Interesante artículo, ahora.
¿Podrán algún día fotografiar la sonrisa del alma? y ¿serán capaces de retocarla?

Zhair Marrero de Rodríguez dijo...

En respuesta a tu escrito, lo que creo es que de alguna manera hay quienes quieren perpetuar una etapa de vida que pasó y que ahora por la fotografía digital tenemos la posibiliad de vernos nuevamente como antes o como queremos ser, sin mirar el presente que nos muestra el espejo. Mantenernos como niños o adolescentes es el sueño de muchos querida amiga...

Y es según lo que creo para reencontrar aquello que nos llenaba y que hoy nos lleva al vacío que mencionas.

Nuestra sociedad, esa que se encuentra en el inconsciente colectivo y que vive la vida con la prisa de la internet, el tráfico, el trabajo como adicción, la familia como un adorno, nos desconectó de una esencia que tu amigo Francisco Pereira mencionó como la sonrisa del Alma. Si, el inconsciente colectivo nos desconecto del Alma, de lo bello, lo bueno y lo verdadero.

Entonces solo queda retocar para que una imagen vaya por mi a otros lugares, me presente, y se perciba la sonrisa etérea y manufacturada que nos vendieron de un Yo Ideal...

Aquí y ahora

Aquí y ahora