Bonsai de Tigre

Fotografía: "Lulú" por Guadalupe del Río
Un maullido corto, dulce, anhelante, llama mi atención y me saca de mi horizontal lectura del último libro de Daniel Goleman “La Inteligencia Social”.

Siento de pronto una masa tibia, felpuda y latiente que se instala en la cuenca de mi brazo izquierdo sobre mi cama. Volteo, y un par de ojos verde-helecho complementan el llamado a la caricia, a la respuesta de un “¡Hola Linda!”

Hundo mis dedos en el césped suavísimo del vientre de Lulú, siento el pulsar de su corazón felino a 190 latidos por minuto, el calor de sus 5 kilos de pura vida, el motor encendido de su garganta alborozada de tanto y tanto placer prodigado por mi mano que se diluye entre las rayas negras de su geografía.

Agradecida por mi paréntesis, instalada en el nirvana de mi cama y acunada a mi lado, Lulú se va entregando a un sueño profundo y relajado que me contagia y me empapa de una paz difícil de describir… retomo entonces a Goleman con bastantes gramos de placer más sobre mi espíritu que la lectura agradece.

En este instante, soy claramente conciente de esta conexión profunda con mi pequeño bonsai de tigre, que -en vez de andar en su versión gigante por las laderas asiáticas- me regala su estela rayada, su maullido intencional y su pelambre suave en las cuatro paredes de mi continente.

¿Qué importa una que otra huella de garras desvariadas en el sofá? ¿o alguno que otro charquito travieso y desubicado? ¿qué importan algunos pelos olvidados sobre mi colcha al lado de este recordatorio diario de que el humano no está solo en el reino animal, de que hay miradas y cuerpos cuadrúpedos a nuestro lado que también aman y son amados?

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias por regalarme un inicio de semana tan placentero. Desde "las cuatro paredes de mi continente" acaricio y siento la tibieza de Lulú

La Hija de Zeus dijo...

No, no importa, así como te pasa a ti con lulu, me pasa a mi con tango, pero en una locura traviesa.. a mi bebe peludo le encanta jugar y nada agradezco más que sus saludos alegres y alborotados cuando regreso al hogar..

Creiste que no iba a pasar? me tarde porque, para no perder la costumbre, ando en muchas cosas..

Un abrazote,

Alfredo en Toronto dijo...

Después de leer tu bonsai de tigre y el comentario de la hija de Zeus, he decidido que a mi me gustaría ser una mascota.

Luisa Elena Sucre dijo...

¡Ja, ja, jaaaa! La verdad - de vez en cuando- confieso que a mi me gustaría también ser acariciada como Lulú... esto de ser mascota tiene sus ventajas.

Nadia L. Orozco dijo...

Luisa, me encantó el post!! tienes un gran estilo, seguiré tu blog de cerca!!!

Saludos!

Luisa Elena Sucre dijo...

¡Gracias Nadia! Cuando vi las fotos de tus bonsais de tigre en tu blog, supe de inmediato que te iba a gustar...

Yo también seguiré tu blog, tiene mucha personalidad.

Saludos desde Caracas.

AnaManzana dijo...

Siempre me ha fascinado esa postura de "caracol" que hacen mis gatosas, tal cual la foto de ésta entrada. Supongo que les recordará algo de la comodidad del vientre materno. Eso sí, acepto que siempre verlas así me causa seguir con la mirada la trayectoria de sus rayas y marearme un poco sólo para reirme de mi misma y de la envidida que me dan.

DINOBAT dijo...

Hay momentos en donde vivir es un instante...

Aquí y ahora

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