Mensaje de espalda




Tarde lluviosa de Julio, 5:15 p.m. Foso Av. Libertador, Caracas.

Las infinitas posibilidades de la circulación vehicular me ubican exactamente detrás de un minibús cuya espalda me dice: “En honor a Wuilfredo, mi gran hermano”.

Las letras verdes sobre fondo blanco y soleado, grandes, protagónicas, me hablan de una historia de despedida, de duelo, de ausencia definitiva; de un chofer urbano que le dice al mundo “he perdido a un hermano que amaba”.

De tantos y tantos mensajes a las espaldas de minibuses, éste se queda petrificado en el reflejo cóncavo de mis ojos: un largo trayecto de lento tráfico me ayuda a perseguirlo… de pronto lo siento misteriosamente vivo en mi organismo.

En nada se parece a “El enterrador” y su potencia subliminal, o a “A Milady y Yesenia, mis hijas queridas” con su amor paterno y meloso chorreando por la ciudad, ni mucho menos a “Toño el Amable: su taller de confianza”, en busca de clientes en los ríos de peces metálicos de la ruta Plaza Venezuela-Petare.

Casi con desesperación, saco mi teléfono celular para usarlo como cámara fotográfica y congelo para siempre este encuentro entre un minibús y un Lancer del 98, entre un hombre que ya no escucha la voz de Wuilfredo, su gran hermano y una mujer que se despidió para siempre un día inenarrable de Luis Alberto, su único hermano varón.

El descubrimiento y la constatación de esta invisible realidad que me conecta con mi vecino de enfrente, me golpea de fascinación y dolorosa nostalgia; son esos mensajes de espalda que llegan directo a la frente del corazón:

“En memoria a Luigi, mi amado hermano”.

5 comentarios:

Francisco Pereira dijo...

Hay momentos y situaciones en las que hacemos conexiones que nos estrujan el alma; una calle, una esquina, una canción, una frase.
Una abrazo

Anónimo dijo...

Toqui, un abrazo grande, inmenso, ... de Toquis.

Irene dijo...

O como dice el poeta y cantautor Serrat en "Aquellas pequenas cosas":
Uno se cree que los mató el tiempo y la ausencia...
Como un ladrón, te acechan detrás de la puerta...
que te sonríen tristes y nos hacen que lloremos cuando nadie nos ve.

Otro poeta me envio un poema dedicado a su pareja al morir donde le solicita dejarle el olvido, el único suelo en el que no crece la nostalgia.

Lamentablemente no olvidamos, no dejamos de extranar al ser amado que se fue, solo aprendemos a vivir con el vacío que dejó.
Un abrazo
Reni

matea dijo...

Era mi pasatiempos favorito en las colas de Caracas...analizar esos mensajes en los porpuesto, y si, algunos te llegan al corazon. Muchos extranamos a Coco!

Omar Mesones dijo...

Desde siempre uno sabe que perder a un ser querido es una experiencia muy dolorosa... Pero cuando a uno le toca vivir esa pérdida, el dolor es diez mil veces más hiriente y laceranrante de lo que jamás nos hubiéramos atrevido a imaginar...

Lamento mucho tu perdida... Un abrazo..

Aquí y ahora

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