Un metro de silencio

Foto: Silencio urbano p4 de Antonio Camba

Miércoles 7:15 a.m. Espero los 8 minutos anunciados en brillantes puntos rojos LED al vagón de metro que me llevará a mi destino final, 10 estaciones hacia el oeste de la ciudad.

Unas 25 personas esperan como yo, los mismos y distintos 8 minutos, al mismo vagón, que multiplicará los destinos por cada uno de los viajeros.

Un silencio estruendoso se esparce por los metros cúbicos de la estación, como un halo fantasma que guarda lo no dicho en algún lugar difuso entre el corazón y la garganta de los presentes.

Llega el vagón, subimos… más adelante, en la siguiente estación, suben más almas que se van ubicando en los asientos libres o de pie… sumándose sorpresivamente al silencio que se había montado en la estación anterior.

No puedo creer que un vagón de metro, una mañana de septiembre en plenas venas de Caracas, casi lleno de gente, sea en ese instante como un gran templo subterráneo en donde cada quien (aun acompañado) calla con un recogimiento casi monástico.

Pienso en las incontables conversaciones interiores atrapadas en las cuatro paredes de los cráneos, en diálogos amistosos o polémicos entre las distintas partes disociadas que pueblan la psiquis humana… pienso en los combates a matar que están teniendo lugar en algunas cabezas de esos viajeros urbanos; pienso también en las posibilidades del sueño y la mente en blanco de algunos silentes químicamente puros que yacen sumergidos con sus escafandras lejos de la superficie movida o tormentosa de su mar.

Pienso en los que como yo, piensan en silencio en los silencios que hablan en un vagón de metro…

De pronto, decido buscar los dedos meñiques agarrados a barandas, sujetadores, libros, otras manos… me entrego a una expedición visual y acrobática en busca de la huella violeta* e indeleble que habla de un país que no guarda silencio ante las urnas electorales… y encuentro maravillada que todos los meñiques que alcancé a ver, estaban manchados de democracia, de voto, de voz alta…

El vagón se llenó de pronto de las voces de un pueblo que no guardó silencio cuando era necesario hablar.

Respiré profundamente mientras pude escuchar al fin lo que ese "metro de silencio" me estaba diciendo a gritos.

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*Nota: Esta vivencia tuvo lugar tres días después de las elecciones parlamentarias de Venezuela, el 26 de Septiembre de 2010. Los meñiques de los venezolanos son sumergidos en una tinta violeta e indeleble para evitar dobles votos.

2 comentarios:

María Eugenia dijo...

Muuuy bueno.
Me encanta como lograsa captar aquello que nos mueve y nos conmueve y lo inmortalizas en un estilo tan tuyo... exquisito.

Roberto dijo...

Creas curiosidad, suspenso y (cortesía de muchos venezolanos conscientes)nos regalas un desenlace feliz ... también nos sale de vez en cuando.

Saludos,

Roberto

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