Everglades burning
Mañana será otro día, otro ahora... para seguir construyendo, con la alegría reconquistada, sobre el único terreno posible donde se yergue esta casa que vencerá las sombras, algún día, a punta de lamentables incendios y lecciones.
Abro los ojos, sin querer abrirlos... mis pestañas entrelazadas acaban de recordar que anoche, al cerrar la ventana de la TV omnipresente, se le había anunciado al país donde vivo, que la voluntad de una mayoría -no mayor de 10 puntos porcentuales- había dado un SI a tanto NO…*
Y pienso: nunca antes un SI había encerrado tanta negación en el amplio espacio entre sus letras. Negación a nuevos liderazgos que miren al futuro y no al pasado, negación a una democracia sana y fuerte, de alternancia, de más espacio real para el pueblo y menos para los individuos –de cualquier signo político- que caigan en el camino víctimas del virus alucinógeno del poder perpetuo.
Abro los ojos, y la constatación de la realidad de ese recuerdo me aplasta, me revuelca contra la arena del fondo, víctima de un tsunami de diez años de altura que sigue su curso, tierra adentro, país adentro, futuro adentro, corazón adentro, arrasando costas que amo, que valoro.
Me levanto, y mis pies me llevan a control remoto a donde debo ir, mientras -allá adentro, debajo de mi piel, donde sueño con un país mejor para todos, sin distingos de síes ni de noes- una tristeza de tubo roto se filtra por las paredes, levanta los pisos e inunda mis horas como una pesadilla que llegó para quedarse aun en la vigilia.
Mi meñique derecho, morado** de orgullo y de dolor, me observa hoy silencioso, huérfano de las respuestas que tanto necesito para seguir amaneciendo con ganas de vivir y de luchar en esta amada tierra que me vio nacer.
Y pienso: nunca antes un SI había encerrado tanta negación en el amplio espacio entre sus letras. Negación a nuevos liderazgos que miren al futuro y no al pasado, negación a una democracia sana y fuerte, de alternancia, de más espacio real para el pueblo y menos para los individuos –de cualquier signo político- que caigan en el camino víctimas del virus alucinógeno del poder perpetuo.
Abro los ojos, y la constatación de la realidad de ese recuerdo me aplasta, me revuelca contra la arena del fondo, víctima de un tsunami de diez años de altura que sigue su curso, tierra adentro, país adentro, futuro adentro, corazón adentro, arrasando costas que amo, que valoro.
Me levanto, y mis pies me llevan a control remoto a donde debo ir, mientras -allá adentro, debajo de mi piel, donde sueño con un país mejor para todos, sin distingos de síes ni de noes- una tristeza de tubo roto se filtra por las paredes, levanta los pisos e inunda mis horas como una pesadilla que llegó para quedarse aun en la vigilia.
Mi meñique derecho, morado** de orgullo y de dolor, me observa hoy silencioso, huérfano de las respuestas que tanto necesito para seguir amaneciendo con ganas de vivir y de luchar en esta amada tierra que me vio nacer.
Mañana será otro día, otro ahora... para seguir construyendo, con la alegría reconquistada, sobre el único terreno posible donde se yergue esta casa que vencerá las sombras, algún día, a punta de lamentables incendios y lecciones.
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(*) La autora se refiere al referendum para la enmienda constitucional realizado en Venezuela el 15-02-09 donde uno de los puntos fundamentales tocaba la modificación de artículos que permitan la re-elección indefinida del Presidente de la República, Gobernadores, Alcaldes y diputados a la Asamblea Nacional.
(**) En Venezuela se mancha el meñique derecho del elector con tinta morada indeleble, como una medida preventiva de votos dobles.


