El día después

Foto: Josef Hoflehner (Austria)
Everglades burning


Abro los ojos, sin querer abrirlos... mis pestañas entrelazadas acaban de recordar que anoche, al cerrar la ventana de la TV omnipresente, se le había anunciado al país donde vivo, que la voluntad de una mayoría -no mayor de 10 puntos porcentuales- había dado un SI a tanto NO…*

Y pienso: nunca antes un SI había encerrado tanta negación en el amplio espacio entre sus letras. Negación a nuevos liderazgos que miren al futuro y no al pasado, negación a una democracia sana y fuerte, de alternancia, de más espacio real para el pueblo y menos para los individuos –de cualquier signo político- que caigan en el camino víctimas del virus alucinógeno del poder perpetuo.

Abro los ojos, y la constatación de la realidad de ese recuerdo me aplasta, me revuelca contra la arena del fondo, víctima de un tsunami de diez años de altura que sigue su curso, tierra adentro, país adentro, futuro adentro, corazón adentro, arrasando costas que amo, que valoro.

Me levanto, y mis pies me llevan a control remoto a donde debo ir, mientras -allá adentro, debajo de mi piel, donde sueño con un país mejor para todos, sin distingos de síes ni de noes- una tristeza de tubo roto se filtra por las paredes, levanta los pisos e inunda mis horas como una pesadilla que llegó para quedarse aun en la vigilia.

Mi meñique derecho, morado** de orgullo y de dolor, me observa hoy silencioso, huérfano de las respuestas que tanto necesito para seguir amaneciendo con ganas de vivir y de luchar en esta amada tierra que me vio nacer.

Mañana será otro día, otro ahora... para seguir construyendo, con la alegría reconquistada, sobre el único terreno posible donde se yergue esta casa que vencerá las sombras, algún día, a punta de lamentables incendios y lecciones.
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(*) La autora se refiere al referendum para la enmienda constitucional realizado en Venezuela el 15-02-09 donde uno de los puntos fundamentales tocaba la modificación de artículos que permitan la re-elección indefinida del Presidente de la República, Gobernadores, Alcaldes y diputados a la Asamblea Nacional.
(**) En Venezuela se mancha el meñique derecho del elector con tinta morada indeleble, como una medida preventiva de votos dobles.

Momentos



Hay momentos buscados
como una flor abierta
por la abeja certera y enfocada
momentos que a veces juegan al escondite
sólo para sentir nuestra emoción al encontrarlos
en esos momentos,
el encuentro cambia su nombre
por el de “gloria”
la garganta no da crédito a tanto dulce
y los pistilos ríen a carcajadas.


Hay momentos temidos
como abismos sin arneses
anticipados en las neurosis negras de los días
momentos que llegan, inevitables,
de tanto en tanto
con su séquito de insomnios y palpitaciones
en esos momentos,
la vida cambia de talla
engorda, se deforma y nos queda grande
y sólo nos resta entregarnos
a los tentáculos del tiempo omnipotente
o a algún dios humanitario con ganas de ayudar.


Hay momentos inoportunos
que se adelantan o se atrasan
como un reloj sin dueño y sin oficio
momentos de lo que pudo ser y no fue
de lo que fue, sin haber sido
en esos momentos,
un sabor amargo cuestiona el paladar
mientras el tren se aleja perforando el horizonte
hasta la próxima estación
donde procuraremos ser puntuales.


Hay momentos negados
que tocan a la puerta e ignoramos
como quien no está en casa
momentos lanzados al último sótano
carcelero fiel de nuestras sombras
en esos momentos,
huimos en bandadas por el cielo mudo
divididos en partes
creyendo haber dejado atrás nuestro oscuro equipaje
para encontrarlo de pronto colgado a nuestras alas.


Hay momentos luminosos
precisos como un haz de láser al final de su viaje
momentos en donde todo calza
aun las piezas más rebeldes
más incrédulas, más renuentes,
piezas de un mágico artefacto
que se echa a andar al fin
en esos momentos,
es posible volver a nacer
con la complicidad segura del amanecer
y apostar a ganar

…y ganar.

Calma corazón, ten calma

Fuente: Vali http://www.flickr.com/photos/25796513@N08/2983026397/


Frente al espejo cotidiano, este domingo cualquiera ¿cualquiera? toca a mi puerta un fugaz desvanecimiento que apenas alcanza para decirme que hay algo más tras esta nube de paso que nubla brevemente mi conciencia.

Luego, un bum-bum-bum-bum… rápido, al galope, como si cada "bum" fuera un paso urgido de llegar a alguna parte… no sé cuál es la urgencia; no sé por qué este ritmo inconsulto en mi metrónomo.

En el centro de mi pecho, acorralado detrás del esternón, mi corazón ha perdido su rumbo en una tormenta eléctrica en medio de iones insurrectos de sodio y de potasio… afuera, frente al espejo, siento el estruendo de sus latidos, sus golpeteos locos en feroz carrera hacia un lugar que desconozco.

Escucho, sólo escucho ese tambor egocéntrico; siento, sólo siento sus sílabas sin frase y sin palabras. Me aturdo, me asusto…

Decido recostarme en mi cama sorprendida.

Respiro profundamente acompañando cada bocanada con una conciencia plena de la expansión y contracción de mi diafragma. Con una voz sin boca desde el silencio de mi cráneo, cierro mis ojos y alcanzo a pronunciar: “Calma, corazón ten calma”.

De pronto, se hace de nuevo el silencio de tambores, sístole y diástole resuelven sus urgencias y la Vida sigue su rumbo, por ahora, hacia todo lo bello (y no tan bello) que me espera detrás de esta puerta batida hoy por el viento.

Aquí y ahora

Aquí y ahora