Escape


A Teresita Pérez, mi querida y extraordinaria odontóloga… y a su ventana



Reclinada cuan larga soy en la butaca de Tere, me entrego con fascinación a la observación de una imponente ventana frente a mí: grandes árboles mullidos de puro verde habitan desordenados el área izquierda de esta pantalla improvisada de cine 3D; termina el cerro con su perfil aleatorio y comienza el cielo con un azul claro y brillante a ocupar su parte, interrumpido suavemente por nubes que no cesan de cambiar de rostro ni de viajar a algún lugar que se me pierde para siempre más allá del cuadro. A mano derecha, una antena de TV se levanta sobre el techo de la única casa…la más divina tentación para el reposo de un zamuro grande y sereno que no deja de mirarme desde su metálica atalaya, con la aguda curiosidad de quien no tiene dentadura.

El sonido punzopenetrante del taladro de mi dentista me recuerda con contundencia feroz que estoy en mi cita anual de control odontológico. Me despego sobresaltada de la mirada negra y estoica de mi zamuro, y todo mi ser no hace sino sentir la necesaria destrucción de esa fresa de carburundo y diamante sobre uno de mis molares inferiores, el pinchazo promisorio de la aguja que anestesiará la parcela correspondiente al daño, el sonido intermitente del eyector sembrado en mi boca y que yo sostengo con más fuerza de la necesaria…

Respiro entonces profundamente invitando a la distensión, que no llega… constato la fuerza de mis manos entrelazadas en mi pecho, como dos eslabones de acero que me encadenan a esta terrible realidad voluntaria y necesaria.

Vuelvo a respirar con todos mis alvéolos, y logro entonces escapar por la ventana, me meto por los resquicios del verde fresco de las hojas y sorprendo a una ardilla afanosa que esquiva mi mirada, me subo al lomo acolchado y frío de las nubes, siento el viento dialogando con los relieves de mi rostro feliz, finalmente me paro sobre la antena de TV a observar una ventana donde una dentadura protagoniza una curiosa película de terror.

Qué sería de la vida sin ventanas para observarla…

5 comentarios:

Luis E. dijo...

Hummm... vas a tener que recomendarme esa odontóloga, porque si eso piensas mientras el taladro funciona, vale la pena.

PD: ¿Te mencionó algo el zamuro cuando llegaste a la antena?

Luisa Elena Sucre dijo...

¡Epa Luis E! Mi superodontóloga y su ventana están en el Centro Profesional Santa Paula en Caracas, ella es una maravilla (es incluso profesora de post-grado de odontología en la UCV). Cualquier cosa me llamas y te doy los datos.

En cuanto al zamuro, te cuento que -cuando llegué a la antena y me paré al lado de él- me dijo: "Buena esa pelicula de terror que están dando en la ventana de piso 4 ¿verdad?, las acttrices son tan buenas que ya me estoy aterrorizando". Acto seguido comenzó a echarme los perros...

Guerrero dijo...

Hola,
Me sentí muy identificado con tu reflexión. Gracias a Dios, en todo consultorio de dentista que se respete, siempre hay una ventana!!!!!!!!!!

Anónimo dijo...

Muy buen escape... Yo lo que hago es desmayarme.

Un abrazo,

S.

Anónimo dijo...

Amiga...tenemos el mismo terror! solo que mi dentista NO tiene ventanas. Asi que no me queda mas remedio que prender mi proyector privado
Besos

Aquí y ahora

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