Parque Carabobo => Plaza Venezuela, 6:00 p.m.



Jueves, 6:00 p.m.: Un viento fresco y subterráneo golpea de pronto mi rostro anunciando la llegada del Metro.

Las puertas se abren y soy devorada en segundos por una fuerza colectiva que me empuja hacia las entrañas vivas del vagón.

Adentro, tomo conciencia de que limito -a presión- por el norte, por el sur, por el este y por el oeste con decenas de ojos, de extremidades, axilas y torsos, que viajan en ese instante sobre los mismos rieles hacia los más disímiles destinos.

La ropa, es la única mordaza del diálogo anónimo entre estos cuerpos viajeros, desconocidos y unidos por el azar urbano en las arterias de la ciudad cómplice.


Hoy, lo íntimo y lo extraño compartiendo el mismo "aquí y ahora", ha dejado de ser un imposible.

La Fuerza de lo Invisible...



En este instante, vientos invisibles y fuertes chocan en violenta caricia, contra el rostro de mi edificio, contra la mirada inquieta de mi ventana, que me defiende con sus vidrios herméticos de ser envuelta y abofeteada por ese gélido fantasma del ambiente.

Escucho los aullidos de esa masa de aire enloquecida, que viene y se va, aminora y acelera en un indescifrable y caprichoso patrón... afuera, los edificios permanecen erguidos, impávidos, sabiéndose seguros en sus cimientos de cemento, pareciera –por momentos- que la calma reinara en la transparencia de la atmósfera.

Sin embargo, lo invisible embiste con furia, las palomas se refugian en la jardinera de mi ventana, los restos mortales de sus plumas, sueltas y pegadas a las maderas que las apoyan, vibran convulsionadas en una danza acoplada a silbidos fantasmales. Afuera, las sacudidas multicolores de algunas ropas en sus cuerdas, y los manotazos al cielo de las ramas de los árboles, evidencian la fuerza evidente de lo que no se ve, pero se siente, se oye, se huele...

Lo invisible que llega y se va, lo invisible que acaricia o sacude, que silba en las cornisas y se calla cuando baja por las calles…

Imagino la fuerza de tantos invisibles de nuestra Vida, con sus ciclos, sus patrones, suaves o intranquilos, en silencio o a gritos, pero siempre invisibles como este viento que hoy visita mi valle:

Es lo invisible del Amor que solo vemos cuando nos canta al oído y nos visita suavemente con sus dedos , o cuando nos bate, como el viento, contra las paredes de lo inevitable.

Lo invisible de la Angustia, vestida de desvelos en las noches mudas, en las palpitaciones inusuales de nuestro puño latiente en el pecho, en el estómago que arde como bosque en verano o en el colon que grita sus penas.

Lo invisible del Dolor con sus grillos en los pies por las mañanas, su nudo en la garganta y su lluvia en los balcones.

Lo invisible del Miedo, hecho big bang en las pupilas, transmutado en tambor detrás del tórax y en bandada de mariposas que aletean atrapadas en las cuatro paredes del abdomen.

Es la fuerza de lo invisible, una fuerza por descifrar en sus códigos secretos de nuestro historia personal y única… Es sentir y no ver, es atreverse.

Aquí y ahora

Aquí y ahora