Yo no olvido al año viejo...



Una popular canción de fin de año en Venezuela comienza con la agradecida frase “yo no olvido al año viejo, porque me ha dejado cosas muy buenas”; la inminencia de la llegada del nuevo año y la despedida del viejo me convocan de nuevo ante la pantalla blanca de mi laptop para verter mis principales vivencias, aprendizajes, y cosas buenas del año viejo que se va…

A continuación los cinco hitos de aprendizaje que me regaló el 2017:

1.El coraje, esa fuerza interior que todos tenemos aguardando su momento: el 2017 me dio la oportunidad de saber de qué estoy hecha. Entre abril y Julio participé en el 90% de las protestas de calle para defender la democracia de mi país, pisoteada y burlada por un régimen totalitario que se dice de izquierda pero que terminó siendo una impúdica y mentirosa narcodictadura al servicio de una cúpula cívico militar que mata a su pueblo de hambre y de mengua. Nunca en mi vida estuve tan cerca de los feroces cancerberos del tirano, quienes una y otra vez impusieron su bota armada, sus gases asfixiantes, sus perdigones, su chorros  de agua salvaje y hasta balas asesinas sobre los cientos de miles que tomamos las calles para decir ¡basta! y para mostrarle al mundo el verdadero talante de un régimen cuyo único objetivo es permanecer en el poder “como sea”. Muchas veces tuve que correr, esconderme,  respirar el terrible e irritante gas que paraliza, vi caer en el asfalto aguerridos  jóvenes heridos a quienes les robaron el futuro; muchas veces estuve en frente de las impávidas miradas llenas de odio y adoctrinamiento ideológico de la Policía Nacional y de la Guardia Nacional Bolivariana, y siempre me preguntaba: ¿qué es eso tan apetitoso o terrible que te hace enfilar tus armas en contra de tu propio pueblo? En verdad yo no sabía lo que era el coraje hasta que vez tras vez me alistaba a salir de nuevo, junto a miles de corajudos… se trataba de una fuerza mayor que me halaba, que me inyectaba energía y valor para salir a luchar por algo tan grande como lo es la libertad y un país próspero donde quepamos todos en paz y con instituciones democráticas que nos protejan para siempre de otra pesadilla totalitaria como la que aun vivimos. Gracias 2017 por enseñarme el coraje que hay en mí… (y en millones de otros).

  2. La grandeza, esa flor hermosa en medio del pantano: el 2017 me mostró una nueva cara de la grandeza humana, esa que surge de nuestra capacidad innata de amar. En un año donde la escasez, la pobreza, la falta de medicinas, la caída libre del poder adquisitivo, la desesperanza, proliferaron de forma exponencial en Venezuela, de igual manera proliferaron iniciativas humanitarias individuales y colectivas, internas y externas, gente compartiendo su comida, apoyando en campañas de recolección de fondos, alimentos, ropa, medicinas, juguetes… En nuestras fronteras y fuera de ella la empatía, las ganas de ayudar incondicionalmente, la resonancia y compasión con el dolor, la desesperación y la carencia, fueron tierra fértil para que la grandeza se dejara ver en todos sus colores y formas. Incluso las víctimas del horror se elevaron a través de su generosidad, al  dar lo poco que tienen, a otros que tienen aún menos. En este apartado no puedo dejar de nombrar la creación de una red internacional llamada Personas para Personas, conformada por coaches suramericanos  (en su mayoría argentinos) y su contraparte venezolana,  para apoyarnos con sesiones gratuitas y otras iniciativas de gran impacto, a los coaches venezolanos, quienes también requerimos contención para poder seguir ayudando a otros desde nuestro rol. He tenido ya cuatro sesiones maravillosas e impactantes con mi colega argentina Diana Mazal, quien me ha regalado con amor mucha luz acerca de mis acciones necesarias y herramientas fundamentales para poder transitar por esta dura tormenta sin naufragar. Y cuando hablo de grandeza, me conecto con referentes  de la biología del amordel coaching  como lo son Humberto Maturana y Julio Olalla respectivamente, a quienes les debo mis distinciones fundamentales para poder escribir hoy acerca de esta bella flor en el oscuro y pestilente pantano del totalitarismo, corrupción, violencia, hambre y muerte en que vivimos millones de venezolanos.

  3.La atención plena al momento presente, mi mejor presente: Definitivamente el 2017 fue el año de mi entendimiento profundo e integral de lo que es la atención plena y de su incorporación a mi vida como una manera de vivir. La atención plena no es más que conciencia, “una conciencia que se desarrolla prestando una atención concreta, sostenida, deliberada y sin juzgar, al momento presente” (Jon Kabat Zinn  en “Mindfulness para principiantes” ). Ya yo tenía más de 7 años coqueteando, en mis pininos, en el mundo de la atención plena y concretamente en la meditación, pero no fue sino en este año que está por despedirse, que pude vivir una experiencia muy marcadora para la cual tuve que esperar por casi 5 años: el curso de 10 días de meditación Vipassana, en total y absoluto silencio y con un promedio de 10 horas al día de práctica de la meditación en un lugar enclavado en la selva, rodeada de naturaleza y desconectada el mundo. De la experiencia del Vipassana, técnica budista de meditación, tomé lo que necesitaba para conformar al fin mi propia rutina de meditación diaria de 30 minutos, cruciales para poder aceptar lo que es, y no lo que quisiera o no quisiera que fuera, cruciales para aquietar mi mente para luego poder  encontrar en ella  las musas que necesito para mis creaciones, cruciales para mantener la calma en medio del huracán que pasa día tras día por mi vida en Venezuela amenazando con llevarse por delante mi salud, mi vitalidad y mi foco. A parte de la meditación, este fue el año, como dije, de incorporar a mi vida con más fuerza y conciencia la atención plena al momento presente: de escuchar, si estoy escuchando, de saborear, si estoy saboreando, de amar, si estoy amando, de abrazar, si estoy abrazando, y así sucesivamente en los distintos momentos cotidianos o extraordinarios de la vida. Definitivamente, mi atención plena al presente, fue el mejor presente (regalo) que me di y me dio este año.

  4.Las redes afectivas, esos úteros llenos de amor y calor:   Fue precisamente en el 2017, inmersa en el monumental reto de amanecer y atardecer cada día en la Venezuela de las carencias, que pude constatar el enorme poder contenedor y nutritivo de las redes afectivas que emulan un útero que me protege y me cuida. Soy bendecida de pertenecer a varias redes que hacen vida en la exigente comunicación síncrona del WhatsApp de mi celular y que se extienden en la asincronía del Facebook, entre las cuales hago especial mención a la red de mis amigos de la juventud, próximos a cumplir 40 años de graduados del bachillerato, a mis vivaces redes de colegas del coaching y la biodanza, a mi red de poepanas, con quienes he leído y sentido la poesía durante 30 años, a una hermosa red de profesionales venezolanos dispersos por el mundo creada por un amigo común de todos ellos durante los duros meses de la resistencia; no quiero dejar de mencionar una última red, recién creada en el mes de noviembre por una querida prima, a raíz de la muerte de uno de mis primos en España: la red de toda mi familia materna que en este momento tiene 4 generaciones llenas de vida. Ha sido fascinante y reconfortante el intercambio de fotos antiguas, de anécdotas familiares, de árboles genealógicos, de recetas, de imágenes de tíos, primos, primitos, en donde he podido conectarme por primera vez en muchos años, ya desde la mirada y el sentir de la adulta, con la fuerza y el legado de mis ancestros, con la sangre que nos une más allá de las distancias geográficas y de las diferencias naturales en estilos y formas de vivir. En todas estas redes encuentro el amor, la solidaridad y el calor humano que necesito. Agradezco a todos y cada una de las personas que están en mi vida “enredadas” en estos ovillos de afecto, por todo lo que me dieron en este 2017.
  
  5.El poder de la biodanza, desde el otro lado del río: Luego de 7 años y medio de hacer biodanza semanalmente, y de 4 años de haber iniciado mi formación como facilitadora de biodanza, un maravilloso sistema de “ integración humana, renovación orgánica, reeducación afectiva y reaprendizaje de las funciones originarias de vida” creado hace ya 40 años por el antropólogo y educador chileno Rolando Toro y expandida por todo el mundo, tuve por fin el regalo y el valor de diseñar y facilitar las 8 sesiones de biodanza supervisadas exigidas por la Escuela Venezolana de Biodanza y su contraparte internacional para optar al certificado de facilitadora. Desde el lado del facilitador, el 2017 me regaló la oportunidad de vivenciar el poder de este sistema a través de los cambios y testimonios semanales del maravilloso grupo que amorosamente me abrió su corazón, su espacio y su danza para que yo pudiera tener esta experiencia marcadora. No tengo  palabras para expresar lo que sentí  “de este lado del río” cuando, siendo sólo un instrumento vivo que entregaba el sistema en la vida de otros, ví y sentí su inmenso poder transformador. Esta experiencia me reconfirma  la importancia de incorporar el cuerpo como una vía fundamental y complementaria de acceso al conocimiento, al “darse cuenta” y me anima, como coach ejecutiva y facilitadora empresarial, a seguir  incorporando con éxito y coraje la vía corporal en mis programas de desarrollo de liderazgo, cada vez más convencida de que en el  temido y negado territorio  del cuerpo se encuentran importantes claves para el crecimiento y la transformación de individuos, comunidades y organizaciones.


Mi 2017 tuvo muchas otras  cosas buenas que no quisiera dejar de nombrar, como el avance y consolidación de mi relación de pareja a mis 57 y a sus 65 ¡delicioso amor de otoño!, tuve a mi hija  bajo mi techo avanzando en su postgrado de psicología clínica y consciente de la fortuna que significa poder abrazarla aun con mis 37°C  y consentirla (90% de mis amigos ha tenido que despedir a sus hijos que han alzado el vuelo hacia otras latitudes huyendo de un país sin futuro para ellos), realicé grandes descubrimientos y avances en mis dos procesos personales de coaching, en lo laboral disfruté de trabajo muy satisfactorio, nuevos y estimulantes clientes,  innovadoras ofertas de servicio ¡y avancé significativamente en la oferta de coaching ejecutivo via Skye/Zoom fuera de Venezuela!  Agradezco infinitamente a la vida tantas bendiciones. En medio del desierto he podido encontrar y cultivar los oasis para sobrevivir.

Por supuesto también hubo lágrimas, preocupaciones, temores, dilemas… de eso está hecha la vida también… siendo de las cosas más dolorosas la muerte de una gran amiga/hermana y su hija (también como hija mía) en un accidente de aviación, la muerte de un  amigo espcial de juventud en las garras del cáncer de colon y de dos queridos primos hermanos aproximadamente de mi misma edad, así como la muerte de 130 jóvenes con quienes compartí asfalto,lucha y sueños durante 4 meses en las calles y autopistas de Caracas, e innumerables despedidas de familia, amigos y vecinos que emigraron.

Yo no olvido el 2017 ni sus valiosas enseñanzas, y me preparo para el 2018 con los pies bien puestos sobre la tierra que piso y amo, con fuerza, foco y esperanza convencida de que será un año de cambios profundos y traumáticos para bien de mi país, de mi vida y de mi gente amada.


¡FELIZ AÑO!

5 comentarios:

ANGONFER dijo...

Muy bueno Luisa Elena, muchas gracias por tu relatoría del 2017, año que quedará marcado en nuestras vidas y en la historia de nuestro país.
Recibe un abrazo de este primo que te admira mucho y que 2018 nos resulte pleno de oportunidades para crecer, para avanzar y para producir, tanto en lo individual o personal, como en lo social o colectivo... ¡Feliz Año 2018!

racosta dijo...

Gracias por enriquecer nuestras vidas cada día querida amiga.

Arelis Segovia dijo...

Como siempre excelente. Un excelente año.Tantos aprendizajes profundos de vida, testimonios únicos y momentos inolvidables. Te deseo todo lo mejor para el 2018. Muchísima: salud,paz, armonía, enseñanzas y prosperidad. Tqm.

Alejandro Padilla dijo...

Luisa E. "Yo no olvido el Año Viejo", excelente lo comparto, creo que cada quien en su particularidad, a pesar de lo que se vive en Venezuela siempre hay cosas positivas. Un abrazo

Alberto Fernández Badillo dijo...

Estimada y querida prima hermana Luisa Elena sabes que admiro tu pluma desde hace años, si bien no siempre tengo la oportunidad o el tiempo para contestarte. Este "Yo no olvido al año viejo" lo lei con detenimiento y me pareció interesante, muchos párrafos inquietantes, otros tristes y otros optimistas. Ojalá el 2018 sea el termino de esta narco dictadura terrorista y volvamos no a aquella Venezuela también enferma pero no a estos niveles insospechados, no, a una Venezuela NUEVA y próspera, donde no tengamos que enfrentar la separación obligada de hijos y otros familiares que debieron decidir emigrar por su futuro o de sus hijos. Hay que tener fe y a mi me falla muchísimo y no quisiera que fuera así, pero mi mente decide por si sola y vuelo hacia regiones que no me agradan, aunque otras veces si. Añoro tus escritos liberales que no se si es que ahora no usas tu blog o es que no me avisan Fuerte abrazo prima y ya veremos que encontramos en el 2018.

Aquí y ahora

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