Las 5 lecciones aprendidas en mis primeros dos meses de resistencia

Foto modificada de Horacio Siciliano, tomada en marcha Av. Libertador , Caracas 
el 4 de abril de 2017


Como ya es sabido en cada rincón del mundo donde llegan noticias internacionales, vivo en un país que desde hace dos meses atraviesa una profunda crisis política.

Todo comenzó a raíz de que el Tribunal Supremo de Justicia decretara dos sentencias que pretendían disolver de un plumazo a un poder público con legitimidad de origen como la Asamblea Nacional, cuyos diputados fueron electos de manera universal, directa y secreta por 14 millones de venezolanos el 6 de diciembre de 2015.

El vaso ya estaba lleno de  inequívocos avances hacia el totalitarismo encabezado por el dictador Nicolás Maduro (ya no tengo otra manera de nombrarlo), y solo faltaba una gota para derramarlo… y ese derrame tuvo la fuerza de catarata y el poder de un gatillo, que se vuelve a disparar hoy con la convocatoria a una fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente cuyas formas y fondo están totalmente fuera de la constitución vigente, legado de Hugo Chávez.

Yo, como tantos cientos de miles en Caracas, y en el resto de Venezuela, sentimos el llamado urgente de defender en la calle y sin armas el último reducto de la democracia, a defender a Venezuela de las garras feroces y hambrientas de poder perpetuo de un régimen que estafó y destruyó a un país en nombre de un mal llamado socialismo que al final sólo sirvió de fachada y excusa para atornillar al poder a una nueva casta boliburguesa vinculada con el narcotráfico, la corrupción y el terrorismo internacional, mientras el pueblo iniciaba su descenso al infierno del hambre, la violencia, la escasez y la muerte. Casta que además usó y estafó a gente buena y valiosa de izquierda que ha dado con su trabajo  lo mejor de sí todos estos años, para apoyar un sueño revolucionario traicionado y que hoy abre cada vez más sus ojos y se desmarca de esta farsa.

En estos dos meses de resistencia pacífica en la calle, he participado en el 90% de las convocatorias entre 4 a 7 horas al día, a pie, bajo el sol y la lluvia, junto, repito, a cientos de miles, y he aprendido 5 cosas que nunca imaginé y que siempre agradeceré a la vida:


1) Aprendí el significado literal de la frase: “Si no es ahora ¿cuándo?, si no soy yo ¿quién?”:

Hay amenazas tan grandes en la vida propia y en la de un colectivo, que no admiten demora alguna, ni entrega de la labor a ningún otro. Soy venezolana, soy ciudadana y se me pretende robar un país en libertad por décadas. Nací en democracia, una democracia con sus aciertos y errores, pero perfectible y con posibilidades de cambio a través de elecciones. Ante la terrible posibilidad de perder el país, casi todo lo demás deja de estar en primera prioridad.

Aprendí que este asunto no puede esperar y que necesita mi parte: el océano está hecho de millones de gotas. Esta prioridad ha implicado el ejercicio consciente de la competencia de flexibilidad: son incontables las reprogramaciones de reuniones de trabajo con la frase: “la reunión será tal día, siempre que no haya marcha”, los cambios de hábitos y rutinas de casa. No me perdonaría nunca no haber hecho lo suficiente cuando aún podía hacerlo.


2) Aprendí lo que es el coraje:

Mi querido colega coach ontológico chileno Juan Vera, experto en coaching político dice: “Coraje no es rabia, no es ira, más allá de una emoción, es una voluntad puesta al servicio de un propósito”. 

Antes de vivir la experiencia de las multitudinarias protestas de resistencia, del ahogo de las bombas lacrimógenas, del intimidante avance de las tanquetas y piquetes una y otra vez con su carga de odio y hambre de presos y  cuota selectiva de vidas humanas, antes de vivir todo eso y regresar siempre a la calle dispuesta a volver a vivirlo, yo no sabía lo que era el coraje, ese coraje que es tan fuerte en mí y en los que nos acompañamos en esta gesta, porque está al servicio de un bien común inmenso que se extiende a las generaciones futuras. Y no es que no me de miedo morir, asfixiarme o ser herida o apresada en una marcha, pero me da mucho más miedo  vivir en una dictadura fascista y brutalmente represiva, en un país secuestrado por unas Fuerzas Armadas y unos paramilitares (colectivos armados y tarifados) al servicio de un dictador y su cúpula corrupta y criminal.


3) Aprendí que “el que no descansa, pierde”:

Ser parte de una resistencia sin fecha de final, frente a una dictadura que tiene la fuerza y las balas militares y civiles a su servicio, es una labor titánica. 

Resistencia viene de RESISTIR. Resistir caminatas de kilómetros bajo el sol inclemente del trópico, resistir la tensión y el miedo de las bombas con su estela de humo blanco diseñado especialmente para neutralizar al organismo con asfixia, náuseas e incapacidad de mantener los ojos abiertos por el ardor insoportable, resistir el dolor lacerante que se siente por los jóvenes caídos, por los privados de libertad, torturados y víctimas de violaciones flagrantes de los DDHH; y resistir todo eso va llevando al cuerpo y al alma a niveles nunca antes vividos de extenuación que amenazan la salud mental y física. Por ello, he aprendido a aprovechar los días sin marchas, para conectarme con el silencio en meditación, con lo placentero que me regala la vida en los pequeños detalles y momentos, hago ayunos informacionales para no tragarme imágenes, noticias y videos que me intoxican con su sobredosis de verdad o de mentira, danzo la vida, acaricio a mi gata  con conciencia plena y me dejo hipnotizar por su ronroneo relajante. Descanso para poder seguir resistiendo hasta el final.


4) Aprendí a ser muy cuidadosa con la información que comparto:

Las redes sociales y los chats de WhatsApp se convirtieron en las únicas fuentes que tenemos quienes adversamos la dictadura, ya que, de manera sistemática y planificada, desde hace ya 10 años, el  régimen fue cerrando, censurando, presionando o comprando casi todos los medios impresos o radioeléctricos donde antes los venezolanos encontrábamos las noticias del momento. 

En esta oportunidad, las “milicias comunicacionales”  (así llamadas oficialmente por la dictadura), han estado produciendo con tenacidad y bastante creatividad e inteligencia, audios, mensajes de texto, editando imágenes y videos, con el objetivo de confundir, desinformar, tergiversar, crear caos, dividir, incitar al odio. Esta actividad la realizan con gran habilidad hacia adentro (para consumo ingenuo de opositores y el poco pueblo oficialista que queda) y hacia  afuera, en una campaña perversa para hacer creer que los que protestamos somos terroristas, responsables de las muertes ejecutadas por las fuerzas represivas y de los colectivos armados. 

Toda esa información tiene un patrón, un lenguaje, una invitación tácita o explícita urgente a compartirla,  que he ido aprendiendo a detectar, a “oler” y, por consiguiente, a no compartir. 

Tremendo aprendizaje éste, en estos momentos, que me permite no ser usada inocentemente por los artífices del horror. “NO CREERÁS” (hasta verificar), se ha convertido ahora en un mandamiento sagrado en mi navegar diario por el océano de información que me rodea.


5) Aprendí a mirar a los ojos a los soldados y policías:

Esta lección ha sido la más difícil de todas, tal vez por ello salió de última en esta lista, siendo la más importante y la más trascendente. 

En todas estas marchas y protestas pacíficas donde he estado, desde el comienzo, hasta el día de hoy sin excepción, siempre he tenido que caminar, al inicio o al final muy cerca de los represores, escondidos en sus intimidantes armaduras modernas, bien armados, listos para la acción o actuando ya con la saña acostumbrada y ordenada por su superior.

Al principio de esta gesta, en mis primeras experiencias víctima de la represión, la rabia me secuestraba y no perdía oportunidad para gritarles maldiciones e improperios que salían desde mi lado humano más oscuro, esa rabia se enfocaba en el colectivo de los represores, de manera indiferenciada en esa masa verde olivo; y es precisamente esa misma indiferenciación de masa la que le sirve a ellos para disparar su odio a mansalva en contra del pueblo que protesta desarmado, donde estoy yo,  diluida también en un inmenso colectivo. Es más fácil disparar bombas o palabras contra una masa, que contra un ser humano que te mira desde su individualidad, desde  sus creencias, desde su historia de vida y desde su derecho a pensar diferente.

Al pasar de los días tuve un inolvidable punto de quiebre en el que me di cuenta de que mi rabia me destruía y me agotaba, y que además era un error desdibujar a cada individuo único en la masa agresora. Desde ese momento, nunca más los maldije ni los insulté, y por arte de magia dejé de sentir esa rabia desbocada y punzopenetrante; fue una decisión firme y consciente, fue un "hasta hoy"; desde entonces, cuando paso cerca de ellos o cuando los tengo frente a frente, aun con el corazón latiendo fuerte con el temor sudando en cada poro, guardo silencio y los miro serenamente a los ojos uno a uno, sin rabia y me arriesgo a encontrar en cada mirada única a un ser humano como yo, con todo lo que eso implica. 

Allí he encontrado miradas claras, suaves, amables, miradas desesperadas, asustadas, cansadas, perdidas, confundidas, también he encontrado miradas llenas de odio, intimidantes, seguras, acechantes, oscuras. En ese universo de ventanas del ser, se mezclan los demonios psicopáticos que juegan a la guerra con una “buena excusa” ideológica o estratégica, con aquellos cuya luz lucha interiormente por mantenerse encendida  contra los vientos huracanados de sus lealtades, creencias, dilemas éticos, necesidades básicas y otros factores y motivaciones que hacen que los humanos actuemos como lo hacemos, incluso a  veces profundamente divididos en nuestro interior. 

Este aprendizaje también llegó para quedarse: seguiré mirando a los ojos a  los guardias y policías con la certeza de encontrar lo que es más difícil de ver en ellos, reconociéndolos como legítimos otros, aunque ellos no reconozcan mi propia legitimidad de existir y de estar en esa calle o autopista luchando por un país que también será bueno para ellos y sus familias.

Como dice la canción de Rubén Blades: “Caminando, se aprende en la vida, caminando, se sabe lo que es…”. Sigo mi camino.

11 comentarios:

Miriam Castillo P. dijo...

Gracias por compartir estas lecciones que dan esperanza y trascendencia.

Pablo Liendo dijo...

Esa Luisa La E. de Mis Entrañas,

Nunca sabrás cuánto te valoro, consistentemente, en tus distintas identidades. Para nosotros tus pares demócratas es un privilegio contar contigo. Para un poeta es un privilegio contar contigo. Para una reflexion profunda y serena es un privilegio escucharte activamente.

Quiera la rueda de la fortuna que algún día podamos ver hacia atrás, y que ese odio se haya desvanecido; que, cual genio de la botela, se regrese a tantas y tantas bombas lacrimógenas de donde nunca debió escaparse.

Por último, invoco a quien tenga el poder suficiente para que todo este pandemonium nos deje un aprendizaje amplio y profundo.

Recibe de mí y de mi familia el mayor agradecimiento por lo que has venido haciendo por todos.

Quedo de ti, mirándote a los ojos. Pablo

María Eugenia Sucre dijo...

Te admiro porque logras decantar los aprendizajes y expresarlos de forma sabia y serena.
Me uno a lo dicho por Pablo, gracias por todo lo que haces por nuestra amada y golpeada patria.
TQTATA

Reni dijo...

Amada Luisel,

Tu capacidad de plasmar en palabras las vivencias y emociones es admirable.
Así como es admirable tu humanidad, tu feminidad, tu sabiduría.
Doy gracias a la vida por haberte puesto en mi camino y por poder llamarte amiga, poepana, compañera.

Tu valor al enfrentar sistemáticamente el terrorismo de calle desplegado por los miserables narcos corruptos criminales que tienen el poder para hacerlo, pero no la autoridad ni la premisa esencial de cualquier gobierno que es servir a los ciudadanos.

Valor no es falta de miedo sino enfrentarlo y transmutarlo en acciones efectivas. Tú amiga del.alma, hermana de vida, eres VALIENTE.
Tus palabras nutren, desarrollan, hacen reflexionar y crecer.

Deseo con todo mi ser que más temprano que tarde lo que viven los venezolanos indistintamente de dónde estén, porque a pesar del bando, la distancia o la supuesta indiferencia, todos los venezolanos sufrimos, sea parte del.pasado, de la historia, dejando un profundo aprendizaje del cambio necesario desde el individuo, desde el ciudadano.

Pido al universo que te proteja y te de fortaleza y calma en esta lucha por la vida.

Me despido con una mirada profunda y una conexión de vida

Reni

Reni dijo...

Gracias Pablo, me uno a tu sentir.
Un rico abrazo
Reni

Jose Luis Feijoo dijo...

Querida Luisa Elena,

Gracias por compartir tu aprendizaje, me ha conmovido tu relato y el poder transformador que encierra una mirada!

Con cariño y afecto

José Luis

Anónimo dijo...

You really touch my heart.

Marleine Rodriguez dijo...

Esta experiencia que vivimos los venezolanos será historia, honro tu participación en esa historia que quedara tatuada en tu piel tostada por largas caminatas en un cemento inclemente y bajo un cielo que arropo Fe y esperanzas de libertad, te quiero, admiro y bendigo

Luís Elías Fernández dijo...

Gracias por ese articulo. Es una lección de vida

Olivia Loreto dijo...

Excelente Luisa y muchas gracias por compartir la expresión de este aprendizaje que denota gran coraje y compromiso que nos reclama esa venezolanidad que corre por nuestras venas, matizada hoy por la incertidumbre es ahora o nunca? pero a la vez con la certeza de que tiene que ser y será, porque no puede haber otro resultado que no venga de la mano de Dios.

Dios te Bendiga, te aprecio y admiro mucho!!!

Juan Vera dijo...

Gracias a ti Luisa Elena por tu entereza y por tu CORAJE, me ha emocionado lo que escribes y con tu autorización lo divulgaré en mis redes. Es desde esa forma no odiosa de enfrentar el presente de Venezuela que podrá tener un futuro de libertad y democracia.

Aquí y ahora

Aquí y ahora